viernes, junio 22, 2012

Entrega de los VI Premios Tormenta

Mr. Tormenta, por triplicado, está listo para irse con sus legítimos propietarios.

Dani Osca, editor de Sajalín, agradece el premio por Las vidas de Dubin.

Jaume Cabré, su esposa, Margarida, y Dani Osca, en un momento
de la comida celebrada en el restaurant Set Portes, de Barcelona

Mr. Tormenta se impacienta mirando a la ensalada

Momento de la velada en el Salón A. 
El mismo, por cierto, donde comió cierta vez Mijail Gorbachov.

Los tres ganadores: Juan Soto Ivars, Dani Osca y Jaume Cabré

Foto de familia. 
Arriba: Óscar Esquivias, Jaume Cabré, Pablo Martín Sánchez,  
Care Santos, Dani Osca. Abajo: Ricardo Triviño, Concha 
Cardeñoso Sáenz de Miera, María Dolores García Pastor,
Juan Soto Ivars y Margarida.

Juan Soto Ivars, en el centro de la foto y muy sonriente, 
conversa con Óscar Esquivias, María Dolores García Pastor y Care Santos.

jueves, junio 21, 2012

VI Premios Tormenta: Mejor libro del año en alguna de las lenguas del Estado

Yo confieso
Jaume Cabré
leer reseña

El enamoramiento siempre es algo maravilloso. El que los lectores experimentamos de pronto hacia un autor, también. Reconozco que esta no será una reseña literaria al uso si comienzo proclamando mi enamoramiento rotundo y repentino hacia la obra de Jaume Cabré, a quien debo admitir que nunca había leído antes de atreverme con las más de 800 páginas de esta última obra suya. En cambio, creo que digo mucho más de la novela de lo que pueda explicar después al afirmar que tras terminarla tuve que correr a buscar obras anteriores del autor. Así, fueron cayendo Galceran, l'heroi de la guerra negra, La teranyina (La telaraña), Senyoria (Señoría), Les veus del Pamano (Las voces del Pamano), la obra teatral Pluja seca (Lluvia seca) y los dos libros ensayísticos sobre lectura y escritura titulados El sentit de la ficció. Itinerari privat y La matèria de l'esperit, estos tres últimos sólo disponibles en catalán. De modo que en menos de un mes  he pasado de feliz ignorante a embelesada experta en la obra de este barcelonés nacido en 1947 cuyo universo literario me ha emocionado como pocas cosas de las que he leído. He sido tardía y algo miope, lo reconozco, porque Cabré es un autor muy valorado y con muchos lectores en Catalunya , además de aclamado en algunos de los países más lectores de Europa, como Alemania. Yo confieso: es la primera vez que me arrepiento de no atender a los gustos mayoritarios y los éxitos de venta.


De la reseña de Care Santos








Jaume Cabré: "Escribir es pasar años entre la niebla, sin brújula ni mapa"

Es un autor aclamado y valorado en medio mundo, pero parece conservar una timidez antigua y muy pegada a los huesos. Por lo menos eso he pensado las veces -pocas- en que he hablado con él en persona. Por teléfono, en cambio, Jaume Cabré cambia mucho. Su risa explota de vez en cuando, franca como la de un personaje de cuento infantil, pongamos un gigante. Es un hombre generoso, que demora las respuestas, derrocha pasión y humanidad. Yo no puedo evitar pensar que Adrián, el protagonista de Yo confieso, odia el teléfono, y hay un momento de la novela en que suspira preguntándose cuán feliz habría sido su vida sin ese aparato. Espero que al finalizar nuestra entrevista telefónica, el autor no haya secundado al personaje.


-Leyéndole da la impresión de que escribe usted riendo, sonriendo, dando saltos de alegría o de felicidad. Desde luego, nunca sufriendo. ¿Es así?

-Sufriendo seguro que no escribo, porque escribir es una alegría. Nunca sufro. Otra cosa es que hay momentos de crisis, en que no sé por dónde voy, en que el caos es terrible y me fuerza a formularme preguntas de base. De qué estoy queriendo hablar, en el fondo, por ejemplo. Pero cuando esto ocurre pienso: bueno, tengo más trabajo pendiente. No me importa, no tengo prisa, ya lo conseguiré. Visto de este modo, cada día es una aventura.

Para leer la entrevista completa pulsa AQUÍ

miércoles, junio 20, 2012

VI Premios Tormenta: Mejor libro del año de autor extranjero

Las vidas de Dubin
Bernard Malamud
leer reseña

Del mismo modo en que coincidieron durante la segunda mitad del siglo XIX una serie de escritores rusos que exploraron como nadie los recovecos de la interioridad humana, vista en perspectiva, la narrativa judeoamericana de la segunda mitad del XX no les fue a la zaga en ello. Un ejemplo: «Miró a Natasha, que cantaba, y en su alma aconteció algo nuevo y feliz. Estaba alegre y triste a la vez (…) Las lágrimas obedecían sobre todo a la contradicción violenta que, de pronto, había reconocido entre alguna cosa infinita, grande, que existía en él, y la materia, reducida, corporal, que era él e incluso ella. Esta contradicción le entristecía y le alegraba mientras ella cantaba» (Guerra y paz) / «Dubin regresó a casa en estado de excitación y con un cierto sentimiento de nostalgia. Se sentía aliviado y al mismo tiempo oprimido por una descarga de energía» (cita del libro que aquí comentamos). Fundada podríamos decir por Llámalo sueño, la temprana novela de Henry Roth; apuntalada por la obra estadounidense de Isaac Bashevis Singer, que fue el único de ellos que siguió escribiendo en yiddish; elevada al máximo nivel de propulsión vital por Saul Bellow y empoderada por Philip Roth, esta centelleante narrativa se caracterizó por la enérgica transmutación de la vida en literatura, mostrándonos el lado más dramático de aquélla tras el velo de la ironía y el humor, y revelándonos la inexplicable, desconcertante y paradójica naturaleza de la psique y sus inconsecuentes comportamientos externos.

De la reseña de Coradino Vega



Una novela decimonónica moderna
Dani Osca *


Las vidas de Dubin es uno de los primeros títulos que queríamos incluir en el catálogo de Sajalín cuando empezamos nuestra aventura editorial en septiembre de 2009. Podría parecer una locura, y seguramente lo era,  que uno de nuestros primeros títulos fuera la traducción de una novela de casi seiscientas páginas, pero en ese momento creíamos que era una decisión acertada. Primero porque el libro nos había entusiasmado, y segundo porque su autor, Bernard Malamud,  es uno de los escritores judeoamericanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Los primeros libros que publicamos eran de autores poco o nada conocidos en España, y pensamos que sería interesante que contaran con la compañía de un autor de calidad contrastada como Malamud.
A pesar de ser un autor «conocido», ganador del Pulitzer y del National Book Award, descubrimos que solo se podían encontrar en librerías sus dos novelas más famosas: El dependiente (El Aleph) y El reparador (Sexto Piso), ambas reeditadas en 2007. De Las vidas de Dubin, la última novela de Malamud publicada originalmente en 1978, solo había noticia de una edición descatalogada de Plaza & Janés de 1981. Nos chocó que esta novela, considerada por el propio Malamud como «mi novela total», no hubiera sido reeditada en treinta años. Y aún nos chocó más descubrir que la única traducción al castellano de la novela estuviera censurada y no fuera completa. ¿Censura o autocensura en el año 1981? Por extraño que parezca, así es. Algún que otro párrafo se perdió en el trasvase de una lengua a otra, y todo el contenido sexual que hay en el original, que no es poco, pierde misteriosamente vigor en la versión castellana. La tarea de sumergirse durante unos meses en la(s) vida(s) del biógrafo Dubin se la encomendamos a Pepa Linares, una maravillosa traductora con una vasta experiencia que afronta cada nuevo proyecto con la misma ilusión que el primero. El resultado y el éxito de la novela se lo debemos a ella, que es sin duda quien merece este premio y todos los reconocimientos que la novela pueda obtener.
La mejor manera de presentar la novela es dejar que el propio Malamud nos hable de ella y de sus intenciones cuando la escribió:
«Quise escribir una novela que fuera importante para mí y que, habiéndola comenzado a escribir cerca de mis sesenta años, contuviera todo lo que he aprendido y, a la vez, me obligara a ser muy severo conmigo mismo… Algo así como una novela decimonónica moderna. Siempre fui un gran fan de Thomas Hardy y de George Eliot; me apasiona la textura de sus seres humanos, el misterio de la vida humana en sus libros. Pero quiero conseguir lo que ellos consiguieron en el siglo XIX con las técnicas del siglo XX. A ellos jamás se les hubiera ocurrido usar la mecánica de la biografía como parte de la trama. La técnica de hacer de Dubin un biógrafo —en una primera versión era intérprete de chelo— lo convierte en alguien más interesante.»


* Dani Osca es, junto con Julio Casanovas, editor de Sajalín Editores.






Bernard Malamud (Nueva York, 1914 - 1986), hijo de inmigrantes rusos, es uno de los escritores judeo-americanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Autor de ocho novelas y tres libros de relatos, Malamud estudió en la universidad de Columbia y enseñó durante muchos años en el Bennington College de Vermont. Su novela El reparador obtuvo en 1967 el Premio Pulitzer y el National Book Award, galardón que ya había conseguido en 1959 por el libro de relatos El barril mágico. Fue amigo de Saul Bellow y maestro de Philip Roth.

martes, junio 19, 2012

VI Premios Tormenta. Mejor Autor Revelación: Juan Soto Ivars por Siberia

El Olivo Azul, Córdoba, 2012. 125 páginas. 16 €

Daniel Sánchez Pardos *
firma invitada

La primera cuestión que se plantea al iniciar la lectura de Siberia tiene que ver, inevitablemente, con la ubicación de este libro dentro del conjunto de la obra de su autor. Aunque Juan Soto Ivars hizo su debut como novelista en 2011 con La conjetura de Perelmán, un denso thriller de asunto matemático publicado por Ediciones B, en el prólogo que firma Alejandro García Ingrisano se nos dice que la escritura de esta Siberia es en realidad anterior a la de aquel libro, y sólo el azar editorial ha impedido que la breve e intensa novela que ahora publica El Olivo Azul sea nuestra puerta de acceso a la literatura de este joven escritor. Nada hay de infrecuente en tal desorden de títulos impuesto por factores externos, y menos aún cuando hablamos de un autor que comienza a ver su obra publicada; pero en este caso el hecho parece tener una cierta importancia. La conjetura de Perelmán y Siberia son a primera vista dos libros tan distintos el uno del otro, ejemplifican dos propuestas narrativas tan aparentemente encontradas, que su lectura consecutiva, ya sea en el orden de la escritura o en el de la edición, despierta a la vez toda una serie de interrogantes y una inmediata curiosidad por saber qué camino seguirá a continuación su autor; vale decir: cuál de estos dos modos que hasta el momento le hemos conocido es el que se impondrá en el futuro, si es que alguno de ellos debe imponerse, o con qué nuevo cambio de registro nos sorprenderá en futuras entregas.
Jonás, el protagonista de Siberia, es un escritor sin éxito que ronda los treinta años. Un tumor cerebral lo enfrentó hace algunos meses a la novedosa perspectiva de su propia mortalidad, y ahora, ya recuperado, lucha con la escritura de su segunda novela al tiempo que intenta habituarse de nuevo a la vida. Sus días transcurren en una rutina de bares, de soledad y de largas sesiones infructuosas frente a la pantalla del ordenador, que apenas le dejan otra cosa que una serie de párrafos inútiles y un miedo creciente a haber perdido para siempre la capacidad de escribir. En su vida, más allá de esa novela esquiva, hay una novia fantasmal que cada día que pasa se aleja un poco más de su lado, un editor insatisfecho con las ventas de su libro anterior, un par de amistades episódicas fomentadas por el alcohol y la cocaína y un buen amigo, acaso el único, que vive fascinado por las explosiones nucleares que le ofrecen los archivos de Youtube. Una agenda con los nombres de las mujeres que alguna vez pasaron por su vida le sirve por un tiempo de enlace con el mundo exterior, pero esos intentos de comunicación con el otro sexo, que lo son a la vez con su propio pasado, acabarán derivando en una sucesión de decepciones, de fracasos y aun de desprecios que conducirán finalmente a la terrible escena central del libro. Así, la Siberia que da título a la novela que Jonás intenta sin éxito escribir es la imagen perfecta de la situación en la que él mismo se encuentra cuando lo conocemos. Un gélido exilio mental, emocional y afectivo, sin más horizonte a la vista que la pantalla en blanco de su ordenador ni otras voces que las que su propia imaginación le ofrece en forma de sueños, de alucinaciones y de inútiles líneas de diálogo. Un páramo desolado donde el bloqueo creativo que padece no es, ni con mucho, el más grave de los problemas que le acechan.
Dividida en tres partes claramente diferenciadas tanto por su estilo como por su carga simbólica y referencial, pero atravesadas todas ellas por una serie de recurrencias muy bien sostenidas, la estructura de Siberia nos propone un viaje de la tercera a la primera persona que es también, paradójicamente, un viaje del interior al exterior –de Madrid a Yecla; del centro a la periferia; de la literatura a la vida– que el personaje principal de la novela se ve forzado a realizar como consecuencia de ese citado acto imprevisto y terrible que nos aguarda en el corazón de la novela: la violación de una mujer borracha al cabo de una noche de fiesta. Este hecho, que sucede casi por sorpresa al inicio de la segunda parte del libro y que se despacha en unos pocos párrafos, arroja sin embargo su luz oscura sobre todo el conjunto de la obra, desde su mismo inicio hasta el breve epílogo que la cierra, y ordena en torno a su pura incongruencia —la violación es producto menos del instinto o del deseo que de una especie de desconexión mental, y resulta en cierto modo inconsciente e involuntaria; como dice el narrador, «se dio cuenta de que estaba violando a Sofía unos instantes después que ella»— la deriva vital de Jonás, ese escritor que ya no escribe y que ahora deberá purgar también el pecado que no sabe cómo ni por qué ha cometido. El crimen, la culpa, el remordimiento, el horror ante el propio delito: Siberia se convierte así en algo más que un símbolo del aislamiento emocional al que nuestro personaje se ha visto reducido tras su vuelta a la vida después del tumor, y que le ha llevado, en última instancia, a cometer ese acto inexplicable. Siberia, ahora, es también el lugar del exilio multiforme al que tal acto necesariamente habrá de conducirle.
Volviendo a la llamativa distancia que separa los dos libros publicados hasta el momento por Juan Soto Ivars, podemos decir que allí donde La conjetura de Perelmán apostaba por la narración pura, por el ritmo trepidante, por la primacía del argumento sobre los personajes y del compulsivo pasar páginas en busca de la sorpresa final sobre la lectura pausada y reflexiva, Siberia nos propone un texto que se complace en la digresión, en la exploración atenta de la subjetividad, en la meditación sobre las complejas relaciones entre vida y escritura y, por encima de todo, en la lenta construcción de un personaje al que apenas le sucede nada narrable, nada al menos que no suceda dentro de los límites de su propia intimidad dañada, pero al que la prosa de Soto Ivars —tensa, arriesgada, pródiga en sorpresas y en hallazgos verbales— nos obliga a acompañar con la respiración sostenida hasta el final de su viaje. Dos modelos —a primera vista— diferentes de literatura que acaso no tienen por qué serlo, y que conviven con igual eficacia en manos de un escritor que, a pesar de su juventud, exhibe ya la mezcla exacta de oficio, de talento y de visión personal que define a esa clase de novelistas a los que realmente vale la pena atender.


* Daniel Sánchez Pardos (Barcelona, 1979) es autor de las novelas El jardín de los curiosos (Bohodón, 2010) y El cuarteto de Whitechapel. Con esta segunda obtuvo el V Premio Tormenta al mejor Autor Revelación.




Juan Soto Ivars: "La vida del inédito es muy difícil"

Entrevista de María Dolores García Pastor

–Estoy convencida de que, a partir de ahora, para sus lectores Siberia dejará de ser un lugar para convertirse en algo más pero, ¿qué es exactamente? ¿Un estado de ánimo? ¿La historia de un exilio autoimpuesto? ¿La crónica de una depresión?

Siberia era sinónimo de destierro en la Unión Soviética. Resulta que la cárcel puede ser un lugar sin muros, una extensión demasiado amplia como para pensar en escapar, una anulación del deseo de huida. Las encerronas en la vida son así, desde una depresión misteriosa al sentimiento de culpa más concreto y justificado significan un encierro en el todo, una reclusión en el espacio infinito que es la capacidad de elegir cuando la iniciativa y el empuje faltan. Quien se siente encerrado en Madrid con toda la vida por delante y en pleno siglo XXI está en una Siberia invisible. Puede echar a caminar hacia la salvación pero algo se lo impide. Esta es la Siberia que quise cristalizar.


Para leer la entrevista completa haz click AQUÍ.

lunes, junio 18, 2012

VI Premios Tormenta: finalistas al Mejor libro del año en alguna de las lenguas del Estado.



Formas de volver a casa
Alejandro Zambra
Anagrama, 2011

Me había leído las dos novelas previas a la que suscita este comentario, Bonsái y La vida privada de los árboles. Ambas me habían resultado desconcertantes o, cuando menos curiosas, por la manera de abordar el hecho narrativo y por el estilo carente de resabios retóricos. La presente sigue estilísticamente la estela de las dos anteriores, es decir, se vale de una mirada oblicua, de una escritura elusiva y sinuosa. El lector se siente un poco perdido al principio por lo que ha de seguir con cierta atención el hilo de la historia para no perder los cabos sueltos de ese río que se va bifurcando conforme avanza.

Pulsa aquí para leer la reseña completa.




Los pies del horizonte
José Gutiérrez Román
Ediciones Rialp, 2011

La poesía es un género escurridizo que a veces se escapa entre las manos cuando tratamos de analizarlo. Eso me ocurre al menos a mí. Lo digo porque entro con miedo en esta crítica, precisamente, por esa condición resbaladiza del género.
Con Los pies del horizonte, su autor, José Gutiérrez Román, (Burgos, 1977) ganó el prestigioso premio Adonáis. Cuando yo era joven y vivía en Madrid, el Adonáis gozaba de un halo que deslumbraba al resto de los premios. Por su pureza, su trayectoria y porque su dotación era muy escasa. En esa escasez y en los ganadores de ediciones precedentes, estribaba su prestigio

Pulsa aquí para leer la reseña completa.



Yo confieso
Jaume Cabré
Destino, 2011

El enamoramiento siempre es algo maravilloso. El que los lectores experimentamos de pronto hacia un autor, también. Reconozco que esta no será una reseña literaria al uso si comienzo proclamando mi enamoramiento rotundo y repentino hacia la obra de Jaume Cabré, a quien debo admitir que nunca había leído antes de atreverme con las más de 800 páginas de esta última obra suya. En cambio, creo que digo mucho más de la novela de lo que pueda explicar después al afirmar que tras terminarla tuve que correr a buscar obras anteriores del autor. Así, fueron cayendo Galceran, l'heroi de la guerra negra, La teranyina (La telaraña), Senyoria (Señoría), Les veus del Pamano (Las voces del Pamano), la obra teatral Pluja seca (Lluvia seca) y los dos libros ensayísticos sobre lectura y escritura titulados El sentit de la ficció. Itinerari privat y La matèria de l'esperit, estos tres últimos sólo disponibles en catalán.

Pulsa aquí para leer la reseña completa.