Trad. Aloe Azid. Thule Ediciones, Barcelona, 2005. 28 págs. 11,54 €
Villar Arellano
Los cuentos que conocemos en la infancia nos van, poco a poco, vistiendo la mirada. Así, personajes, escenarios y tramas tejen su particular envoltorio cada vez más denso y mullido. Hay historias que vuelven, persistentes, en mil y una versiones y terminan haciéndose perchas en las que seguimos colgando nuevos relatos. Así es como se quedan para siempre en casa, igual que los recuerdos, las manías, los miedos... se hacen parte de nosotros.
Y por eso hay cuentos de los que creemos saberlo todo. Algunos personajes son como de la familia y, de tan conocidos, creemos que nunca van a sorprendernos. Libros como Boca de lobo contradicen dicha impresión. Y es que el misterio puede ocultarse en cualquier rincón de casa... si un buen narrador lo sabe mostrar.
Fabián Negrín da una vuelta de tuerca al más popular de los cuentos para adentrarnos en un paisaje aparentemente nuevo, un terreno casi virgen que, sin embargo, ya habíamos visitado desde nuestras primeras lecturas: el bosque, un bosque habitado por un lobo, en el que irrumpe ella: una inocente criatura vestida de rojo.
¿Dónde está, pues, la novedad en este cuento ilustrado? ¿Dónde su originalidad? ¿Qué añade este autor al universal relato de Perrault y los Grimm y a sus enésimas adaptaciones?
En primer lugar, una nueva voz. Como se nos dice desde el título, la narración surge desde la boca del lobo, pero estamos ante un lobo único en su especie, que aporta una singular perspectiva, un punto de vista complejo y divergente. El malo de la historia tiene, evidentemente, su propia versión de los hechos, lo que permite, no tanto justificar sus actos, como descubrir a un ser entrañable, ingenuo y torpe, un tipo tierno y sensible que admira la belleza y, en romántica pose, aúlla su dolor a la luna (conmovedor y angelical...) pero que, lobo al fin, puede resultar feroz cuando se le abre el apetito.
Más allá de esa voz, la «boca de lobo», está llena de resonancias: es oscura, como todas, y sugiere una trampa final, una encerrona. ¿Se trata del engaño del cuento tradicional? ¿O se está insinuando una posible emboscada para el lector? En cualquier caso, la enigmática atmósfera que envuelve el relato subraya el misterio que se nos oculta. Aquí reside otro de los grandes aciertos del libro. Los arquetípicos personajes adquieren una nueva naturaleza gracias al ambiente, agreste y surreal que envuelve ese mágico bosque. Y a ello contribuyen sin duda unas desbordantes imágenes. El verde de la vegetación, que parece querer absorber al lector hacia lo más profundo, contrasta violentamente con el rojo (pasión y sangre) que atraviesa la historia. Los paisajes de Negrín y su exuberante vegetación, recuerdan las pinturas naif, pero con una personalísima energía procedente de su interpretación del color. Un torrente cromático que invade el blanco del papel y se entremezcla, en perfecta simbiosis, con las palabras.
Fabián Negrín, un artista argentino afincado en Milán, ha ilustrado numerosas historias para niños desde un particular surrealismo. Aquí hemos podido comprobar su destreza en dos trabajos: El negro de París, de Osvaldo Soriano (Editorial Montena) y Cuentos de magia de todo el mundo, de Fiona Waters (RBA). En Boca de lobo nos muestra su faceta más plena de creador, con una especial habilidad para integrar lenguajes: el lirismo y la sencillez de un texto, no exento de humor, se presenta entre constantes juegos gráficos, llegando a romper, literalmente, los límites de la página.
Es necesario mencionar el cuidado trabajo de la edición. Todos los detalles han sido medidos: desde el color de las cubiertas interiores hasta la adaptación tipográfica que se ajusta, cuando es necesario, al ánimo del protagonista.
Toda esta riqueza de rasgos configura una Caperucita que, no en balde, ha sido merecedora de numerosos premios internacionales (Premio Unicef de la Feria de Bolonia 1995, Premio Alpi Apuane a Mejor álbum ilustrado 2003 y Mención especial de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich 2005) y que ahora, llega a nuestro país en una doble versión castellano/catalán (esta última titulada Gola de llop).
Villar ArellanoLos cuentos que conocemos en la infancia nos van, poco a poco, vistiendo la mirada. Así, personajes, escenarios y tramas tejen su particular envoltorio cada vez más denso y mullido. Hay historias que vuelven, persistentes, en mil y una versiones y terminan haciéndose perchas en las que seguimos colgando nuevos relatos. Así es como se quedan para siempre en casa, igual que los recuerdos, las manías, los miedos... se hacen parte de nosotros.
Y por eso hay cuentos de los que creemos saberlo todo. Algunos personajes son como de la familia y, de tan conocidos, creemos que nunca van a sorprendernos. Libros como Boca de lobo contradicen dicha impresión. Y es que el misterio puede ocultarse en cualquier rincón de casa... si un buen narrador lo sabe mostrar.
Fabián Negrín da una vuelta de tuerca al más popular de los cuentos para adentrarnos en un paisaje aparentemente nuevo, un terreno casi virgen que, sin embargo, ya habíamos visitado desde nuestras primeras lecturas: el bosque, un bosque habitado por un lobo, en el que irrumpe ella: una inocente criatura vestida de rojo.
¿Dónde está, pues, la novedad en este cuento ilustrado? ¿Dónde su originalidad? ¿Qué añade este autor al universal relato de Perrault y los Grimm y a sus enésimas adaptaciones?
En primer lugar, una nueva voz. Como se nos dice desde el título, la narración surge desde la boca del lobo, pero estamos ante un lobo único en su especie, que aporta una singular perspectiva, un punto de vista complejo y divergente. El malo de la historia tiene, evidentemente, su propia versión de los hechos, lo que permite, no tanto justificar sus actos, como descubrir a un ser entrañable, ingenuo y torpe, un tipo tierno y sensible que admira la belleza y, en romántica pose, aúlla su dolor a la luna (conmovedor y angelical...) pero que, lobo al fin, puede resultar feroz cuando se le abre el apetito.
Más allá de esa voz, la «boca de lobo», está llena de resonancias: es oscura, como todas, y sugiere una trampa final, una encerrona. ¿Se trata del engaño del cuento tradicional? ¿O se está insinuando una posible emboscada para el lector? En cualquier caso, la enigmática atmósfera que envuelve el relato subraya el misterio que se nos oculta. Aquí reside otro de los grandes aciertos del libro. Los arquetípicos personajes adquieren una nueva naturaleza gracias al ambiente, agreste y surreal que envuelve ese mágico bosque. Y a ello contribuyen sin duda unas desbordantes imágenes. El verde de la vegetación, que parece querer absorber al lector hacia lo más profundo, contrasta violentamente con el rojo (pasión y sangre) que atraviesa la historia. Los paisajes de Negrín y su exuberante vegetación, recuerdan las pinturas naif, pero con una personalísima energía procedente de su interpretación del color. Un torrente cromático que invade el blanco del papel y se entremezcla, en perfecta simbiosis, con las palabras.Fabián Negrín, un artista argentino afincado en Milán, ha ilustrado numerosas historias para niños desde un particular surrealismo. Aquí hemos podido comprobar su destreza en dos trabajos: El negro de París, de Osvaldo Soriano (Editorial Montena) y Cuentos de magia de todo el mundo, de Fiona Waters (RBA). En Boca de lobo nos muestra su faceta más plena de creador, con una especial habilidad para integrar lenguajes: el lirismo y la sencillez de un texto, no exento de humor, se presenta entre constantes juegos gráficos, llegando a romper, literalmente, los límites de la página.
Es necesario mencionar el cuidado trabajo de la edición. Todos los detalles han sido medidos: desde el color de las cubiertas interiores hasta la adaptación tipográfica que se ajusta, cuando es necesario, al ánimo del protagonista.
Toda esta riqueza de rasgos configura una Caperucita que, no en balde, ha sido merecedora de numerosos premios internacionales (Premio Unicef de la Feria de Bolonia 1995, Premio Alpi Apuane a Mejor álbum ilustrado 2003 y Mención especial de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich 2005) y que ahora, llega a nuestro país en una doble versión castellano/catalán (esta última titulada Gola de llop).




