jueves, marzo 26, 2015

Ficción perpetua, José María Merino

Menoscuarto, Palencia, 2014. 336 pp. 20 €

Pedro Pujante

A estas alturas ya resulta innecesario presentar a José María Merino (La Coruña, 1941), autor de novelas, poesía y cuentos –quizá el género en el que mejor se mueve-, y ganador de todos los premios literarios relevantes: Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa, incluidos.
Hace diez años publicó Ficción continua, un libro que reunía ensayos, charlas y artículos. Así que esta Ficción perpetua podría considerarse una segunda entrega de aquel otro, con el que conforma un díptico dedicado a la literatura de ficción. En Ficción Perpetua se hallan diseminadas todas las filias literarias del autor leonés. Está dividido en dos partes. La primera reúne conferencias y artículos dedicados a diversos temas literarios. En la segunda parte, ‘De autores y obras’, recoge una serie de artículos que ya vieron la luz en revistas, y que ahora se presentan de forma unitaria en este volumen.
Es precioso el primer texto titulado ‘Diez jornadas en la isla’. En esta charla, Merino se imaginó un náufrago, y durante diez días rescata los libros más importantes de su vida, haciendo un recorrido por su biografía emocional y literaria, dando una magistral clase de literatura universal, pero sin renunciar a sus gustos personales.
Merino aboga por la literatura como condición esencial del ser humano. Nos recuerda que en nuestros genes se halla la semilla del relato oral, y que este, ha cristalizado en el relato, la novela, la literatura escrita.
En estos textos nos hablan de la ficción, del relato fantástico y de la ciencia ficción. Y Merino, además de realizar un acercamiento teórico a estos asuntos literarios, confecciona una lista de autores y obras, un canon muy personal pero con vocación universal, que servirán al curioso lector para ampliar sus lecturas ulteriores.
La pasión por la literatura que recorre estos ensayos se ensancha con la mirada de un escritor consumado, que además demuestra ser un sutil, profesional e intuitivo lector. Hay, en este sentido, otro artículo dedicado al acontecimiento de la lectura, en el que la analiza desde varias perspectivas; emocional, pública, social y educativa. Concluye este artículo diciendo que ‘leer nos da acceso al gran espacio de la imaginación reveladora’. Y creo que en esta sentencia se justifica en gran medida el interés por la literatura como herramienta para indagar en ese interregno sagrado y mítico que es el alma humana, pero que está dimensionado en una cosmogonía ficcional y universal, en la que habitamos los amantes de la literatura.
Es interesante el recorrido que hace por la ciencia ficción, recuperando nombres de autores españoles cuyo éxito se extinguió hace tiempo. Aunque también dedica algunas líneas a recordar a autores actuales, jóvenes que se empiezan a hacer un hueco en este difícil mundo de la ciencia ficción, de la literatura, en definitiva.
Como ya hemos dicho, en la segunda parte, Merino se centra en diferentes autores y sus obras. A parte de un interesante ensayo sobre el tema del Doble, los artículos de esta sección versan sobre escritores. Desde Menéndez Pelayo y su Orígenes de la novela, pasando por Potocki y su célebre Manuscrito encontrado en Zaragoza, pieza indiscutible de la literatura fantástica universal; los cuentos de Maupassant y Chejov; Dickens o el incomparable padre Brown, de Chesterton.
Resumiendo. En estos variados ensayos sobre la ficción, sobre el poder de la literatura, sobre autores que constituyen un elenco de voces necesarias para comprender el devenir de la literatura contemporánea, Merino ha volcado su sabiduría y su sugerente mirada de lector (casi más que la de escritor), y nos invita a leer, es decir, a soñar, a inventar, a creer en la ficción, último refugio de aquellos que cada vez creemos menos en esto que ha venido llamándose realidad.

miércoles, marzo 25, 2015

Las letras entornadas, Fernando Aramburu

Tusquets, Barcelona, 2015. 290 pp. 18 €

Pedro M. Domene

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) ha recurrido, desde el inicio mismo de sus primeras entregas, a recuerdos y experiencias personales y, en otras muchas ocasiones, a sus lecturas para componer parte de su obra narrativa. En esta entrega se aleja de la ficción, es decir, no novela parte de su biografía sino que sustenta su propuesta con buena parte de recomendaciones y devociones literarias, ensambla un conjunto de textos que, obviamente, ha ido publicando en ocasiones previas y que, una vez reunidos, conforman el curioso título de Las letras entornadas (2015), y aun más, para otorgarle la coherencia necesaria, inventa al hilo una relación ficticia entre un “supuesto” Viejo y él mismo. El primero enseguida llama la atención del segundo, invitándolo a degustar jueves a jueves, una o dos botellas de una selección de vinos selectos de una bodega, alrededor de unas ciento cincuenta, porque se verá obligado a abandonar su casa durante algún tiempo. Entre ambos se establece una compatible relación: el ejercicio de la inteligencia y el disfrute de aquellas maravillas líquidas, caldos con nombre propio, y semana tras semana es manifiesta y evidente la curiosidad del anfitrión en averiguar cómo había surgido la vocación literaria en el joven escritor Aramburu, y así inician una fluida relación y pronto surgen las evidentes preguntas sobre la infancia, la juventud, o las actividades que Aramburu había llevado hasta el momento, y para paliar de alguna manera dicha curiosidad el escritor se compromete jueves tras jueves a llevarle un texto sobre la conversación mantenida previamente, siempre al calor de un buen vino.
A lo largo de las páginas, en realidad, las múltiples reflexiones ayudan a entender la literatura de Aramburu y a recorrer alguno de sus modelos esenciales, incluso entremezcla los datos referidos a la infancia en un barrio donostiarra y sus primeros estudios, y se enorgullece, además de los primeros deslumbramientos literarios que el autor confiesa, tras haber pasado inicialmente por el mundo de los tebeos, como muchos de los niños de comienzo de los 60, una mirada a los clásicos como el Lazarillo, síntesis de una infancia difícil, la lucha por la vida, o la raíz misma del mal, sin olvidar a los maestros Cervantes y Quevedo. El afán por leer y por aprender, al margen de la escasa tradición culta y lectora de la familia, nacerá en el niño y en el adolescente muy pronto, y poco a poco, entre recuerdos de infancia y juventud, relatará la participación en la creación y las actividades de CLOC, Grupo de Arte y Desarte, y como se forja un escritor que crece en una sociedad violenta con el telón de fondo de los atentados y los funerales que se repetían a lo largo de los años de su formación tanto ideológica como intelectual, en mitad de un paisaje donde siempre la sombra de ETA planea y subyace la visión de un dolor ajeno que más tarde lo llevaría a alejarse y asentarse en Alemania.
Y a lo largo de estos treinta y dos encuentros, enumera la relación de su consolidación literaria con obras propias y ajenas, inicialmente de la mano de Marcel Reich-Reinicki o las obras de Thomas Mann y de Borchert. Incluso descubrirá notables olvidos, Félix Francisco Casanova, Juan Gracia Armendáriz, o Víctor Klemperer. Y, tampoco faltan algunas páginas que comentan y valoran autores españoles: Giralt Torrente, Mercè Rodoreda, Ramiro Pinilla, Aleixandre o Celaya, y maestro en lo breve, subraya sus ideas sobre el cuento como embrión y origen de la narrativa de ficción. Y algo damos por seguro, los devotos de Aramburu no se sentirán defraudados con Las letras entornadas y quienes sientan afición por una literatura diversa y sólida, cuyas palabras se aferran a la sombras de una realidad, observarán como fruto de la reflexión y del descubrimiento, se llega a una educación sentimental propia.

martes, marzo 24, 2015

La reconversión humana, Ángel Falcón

Trea, Gijón, 2014. 348 pp. 20 €

Victoria R. Gil

Una novela postapocalíptica y coral. Un radiografía de nuestro siglo XXI hiperconectado y violento. Una farsa inmisericorde sobre la estirpe mezquina y codiciosa que formamos los humanos. Todo eso y mucho más es La reconversión humana, la primera novela del periodista Ángel Falcón, que sorprende más por su resistencia a encajar en un género literario concreto que por su ambición narrativa. Filosofía, sociología, música, arte, periodismo, política, corrupción, monarquía, alta finanzas… Nada falta, ni siquiera la religión, entendida como una ideología ética y humanista enfrentada a intereses más terrenales, porque el germen de esta historia surgió, según admite el propio autor, de la pregunta: ¿Qué ocurriría si Jesucristo volviese a la tierra?
Y eso es lo que sucede en esta novela. Aunque antes se desate un ataque cibernético que deja sin energía la mayor parte del planeta, haga caer los aviones en pleno vuelo y provoque un caos en el que sobrevivir se vuelve una lucha cruenta. Aquí todo es posible, hasta lo más absurdo. Incluso que Jesús se pasee por ese indeterminado Norte que comparte maneras y geografía con una Asturias convertida en el último refugio posible sobre la tierra; tan olvidada siempre que ni la tercera guerra mundial se toma la molestia de considerarla un objetivo. Esta conexión no se le escapará al lector atento cuando descubra que la ciudad se llama Cimadevilla (la calle principal de Oviedo durante varios siglos) y que se planea construir un parque temático-religioso en torno a unas misteriosas reliquias aparecidas en el Monsacro (nombre éste de uno de los pozos mineros más conocidos de la región).
Desde el mismo Papa hasta una pareja de príncipes herederos que no ven el momento en que el rey (padre y suegro de ambos) abdique, pasando por Bob Dylan, el poeta Ángel González, un general franquista y el propio Jesús cruzan sus pasos en esta novela tan densa como un agujero negro que todo lo contiene.
El estilo de Falcón es ambicioso y, aun mejor, carece de prejuicios. No busca apabullar al lector con una grandilocuencia impostada ni se deja encorsetar por algún molde preestablecido para la novela de ciencia ficción, psicológica o de crítica social. La reconversión humana es todas ellas a la vez y ninguna en particular. Sorprende y deleita leer la tensión previa a una reunión entre tiburones financieros, descrita con el vigor de una batalla épica: «Allí, delante de sus ojos, en aquellas hojas bañadas de gráficos descendentes, activos circulantes, fondos de maniobra y apalancamientos, Corín contemplaba el mapa de la batalla: veía el golfo de Lepanto, a Juan de Austria y Andrea Doria, las maniobras turcas de envolvimiento, el cuerpo a cuerpo bestial, la gran matanza. Cuarenta mil muertos en cuatro horas, la cabeza de Ali Pachá clavada en una pica, miles de jenízaros eviscerados y un manco glorioso». Sus personajes se muestran con pinceladas impresionistas que los retratan con exactitud: «Formaban una pareja de punto y coma. La figura quijotesca de El Rata, su melena enmoñada burdamente en la gorra, el cuerpo decrépito de Arribas, las ropas holgadas fabricando forúnculos y cavidades».
Con 25 años de dedicación al periodismo, que Ángel Falcón desconfía del poder, ya sea político o económico, y de sus órganos de propaganda resulta evidente. Pero también lo es que aún encuentra motivos para salvar una profesión a la que demasiadas malas decisiones han empujado hacia el abismo por el que lleva años despeñándose. En medio del caos y de la rapiña, cuando ya nada parece importar, un veterano periodista se atrinchera en la solitaria redacción de la que han huido todos sus colegas y elige despedirse de la vida haciendo lo único que sabe: contarle al mundo lo que está pasando. Aunque el mundo no quiera saberlo o esté demasiado ocupado peleando por los despojos.
Pocos personajes, aparte de este periodista, menos descreído de lo que él mismo se imagina, son dignos de redención de los muchos que viven en esta novela, que oculta muchas otras bajo las capas de una narración intensa y singular. Tal vez por eso uno se pregunta, como el autor, si lejos de reconversiones industriales o financieras, lo que este mundo necesita con más urgencia no será una reconversión humana que nos devuelva la conciencia, la justicia, y la solidaridad. Si es que alguna vez fueron nuestras.

lunes, marzo 23, 2015

¿Quién mató a la cantante de jazz?, Tatiana Goransky

Cazador de Ratas, El Puerto de Santa María, 2015. 135 pp. 13 €

Miguel Baquero

Establecer quién pudo matar, estrangulándola con una cuerda de piano, a esa subyugante mujer que interpretaba como nadie canciones de jazz, subida a un escenario, embutida en un vestido rojo, y amputada de una pierna, por lo que había de usar una de palo, es el tema de esta novela de la argentina Tatiana Goransky (Buenos Aires, 1977). ¿Quién mató a la cantante de jazz? es la tercera novela en la carrera de la autora, y desde su publicación por vez primera en su país, en 2008, ha pasado por diversas reediciones antes de desembarcar ahora en España de manos de la joven editorial Cazador de Ratas. Una editorial que, con esta obra, afianza su intención de publicar obras emparentadas con «lo negro» o policiaco pero distintas y originales, como en su momento fue Descenso brusco, del también argentino Juan Guinot.
La de Goransky es una novela breve que, al hilo del asesinato arriba dicho, hace un recorrido por el ambiente jazzístico no solo de Buenos Aires sino de los diversos locales míticos y festivales célebres dentro del mundo del jazz. De igual manera, el lector en general y en especial el aficionado a este género encontrará referencias a los temas imprescindibles en todo repertorio de una banda, y hallará formuladas esas leyes casi secretas que emplean los músicos entre actuación y actuación, como, por ejemplo, la que en determinado momento expone la cantante del vestido rojo y la pierna de madera: «no vale la pena estar con músicos de la sección rítmica, porque una vez que se acaba el romance la banda deja de sonar bien».
Un antiguo músico, Martínez, promesa en su día pero al que un infortunado desliz con una menor de edad postergó a las bandas que animan los cruceros, antes de encerrar definitivamente la trompeta en una caja e ingresar como policía, es encargado de la investigación. Parece ser el único, según sus superiores, que puede comprender ese código medio secreto «y bohemio» del jazz. Alternando capítulos en que este policía, Martínez, va poniendo orden en sus investigaciones con otros tomados del diario que, hasta el último momento, llevaba la víctima, y otros que proporciona un narrador externo, el enigma en torno a la muerte de la cantante de jazz va tomando forma y va mostrándonos a esas figuras que se hallan detrás del telón, o medio ocultas por la cantante que, en primera fila, modula sensualmente las canciones ante un público fascinado. Tipos que sueñan, por ejemplo, con llegar un día a ejecutar ese mítico «solo de su vida», que algunos ya han tocado, a veces para sorpresa propia, en mitad de una actuación, inesperadamente, y saben que ya nunca lo volverán a repetir; o cantantes que sueñan con alcanzar esa «voz transparente» que en sus mejores momentos ha lucido la difunta cantante de jazz antes de ser estrangulada con la cuerda de un piano.

viernes, marzo 20, 2015

Solo con invitación: El rastro brillante del caracol, Gemma Lienas

Destino, Barcelona, 2014. 352 pp. 14,96 €

Care Santos

El escritor Emili Teixidor solía decir que "literatura para jóvenes es aquella que también pueden leer los jóvenes". No es éste lugar para enredarse a definir qué cosa es literatura para jóvenes (soy de la opinión de que la etiqueta sólo tiene sentido desde un punto de vista comercial), pero sí lo es para recomendar la lectura de esta novela a cualquiera que tenga más de doce años. Los más jóvenes encontrarán en ella emociones, risas, identificación con los personajes principales, momentos de ternura, momentos de escándalo y de rabia. Los adultos encontrarán todo eso y, además, quedarán seducidos por la manera de narrar de una autora que pone las cosas fáciles a sus lectores a pesar de no elegir temas ni tramas fáciles. 
Gemma Lienas tiene -y se le notan- muchas horas de vuelo. Es capaz de adentrarse con naturalidad en un terreno que parece parcela reservada a los más jóvenes: las comunicaciones virtuales, los juegos de videoconsola, los hackers informáticos, las prácticas de los enfermos de la red. Al mismo tiempo, demuestra conocer muy bien a sus lectores más jóvenes: sabe qué contarles, cómo, con qué lenguaje, con qué ritmo, desde qué punto de vista. No elige asuntos sencillos, ni manidos, no da lecciones, no escatima información. Mantiene una postura beligerante con los aspectos de la sociedad que merecen ese esfuerzo (en el fondo, todo eso es una prolongación de sí misma: cualquiera que la siga en redes sociales se dará cuenta). Trata a sus lectores -a todos, tengan la edad que tengan- como a seres pensantes. Su historia desborda sabiduría vital, pero también emoción. Y, lo más importante, es una novela estupenda, más allá de toda etiqueta. 
Reconozco que una de las cosas que más me gustan de las novelas de Lienas son los personajes. Son complejos como seres humanos, están llenos de recovecos, de dudas, de contradicciones. Tengo a menudo la sensación de que las tramas en las que intervienen están construidas a partir de ellos, y que ésa es una de las razones de su deliciosa complejidad.
Sam, el protagonista adolescente de esta historia, se compara con un caracol porque sus movimientos son lentos, porque en su relación con los demás a menudo va un paso por detrás. Sin embargo, posee una capacidad increíble para las matemáticas, es un experto informático y suele fijarse en detalles que pasan inadvertidos a la mayoría de personas. Todo ello son rasgos que caracterizan el síndrome de Asperger, una patología psicológica y conductual que se enmarca en el espectro autista. Sam también tiene una hermana que le ayuda a interpretar a sus complicados semejantes y un grupo de amigos virtuales. Por su parte, Martina, la otra protagonista, es una gimnasta de 14 años, menuda y de gran personalidad. Tiene un perro, una amiga y una madre con quien no termina de entenderse. Chico conoce chica: sólo esta parte de la historia ya habría justificado su lectura. Los personajes son absolutamente verosímiles y los diálogos entre ambos desbordan ternura y sentido del humor. No exagero al decir que se trata de una de las historias de amor más divertidas y emocionantes que he leído en los últimos años.
Aunque en el reverso de la historia está el tercero en discordia. Un pederasta que trabaja con meticulosidad y cabeza fría, con la vista puesta en un solo objetivo: Martina. Sorprende -y escandaliza- la pormenorizada descripción de sus procedimientos, su método de trabajo. Sabemos poco de él, salvo que existe en realidad y que a menudo está más cerca de lo que pensamos. Esta parte de la trama da un vuelco al argumento: ya no es una historia de amor, sino una novela negra lo que nos traemos entre manos. Muy negra. Habrá investigación, héroe, tensión y momentos de pánico. Todo bien mesurado, bien conducido. Se nos da información que desconocíamos a pesar de que el asunto forma parte de nuestra actualidad con frecuencia. Al terminar la lectura, el asunto continúa martilleando. Este es uno de esos libros que una vez cerrados continúa haciendo su trabajo, que no es otro que el de seducirnos, emocionarnos, invitarnos a pensar. Convertirnos un poquito en alguien diferente a quien éramos antes de comenzarlo.


Gemma Lienas: «No estoy dispuesta a bajarme del mundo»


Sería vulgar comenzar diciendo la edad de Gemma Lienas. Por eso diremos, mejor, que no es una jovencita en su primer vuelo. Todo lo contrario: autora veterana, con una sólida trayectoria literaria a sus espaldas; gran conocedora del mundo editorial, que ha ocupado su actividad profesional durante largas etapas de su vida, su nombre hace décadas que encandila a lectores de todas las generaciones. Sin embargo, leyéndola cualquiera podría pensar que se trata de alguien que acaba de salir de la adolescencia. ¿El secreto? Una aguda capacidad de observación, un dominio absoluto de tratamiento de las emociones, mucho oficio y, según ella reconoce, una dieta en la que no falta el chocolate. 
—Facebook, hackers, series anglosajonas de última generación, Minecraft, whatsapps, lenguajes informáticos, comunidades de geeks... Leyendo esta novela algún desinformado podría pensar que su autora tiene 25 años. ¿Sigue alguna dieta secreta para mantenerse intelectualmente tan joven?
 
—Me encanta comer chocolate, tal vez sea esto ;-)  Ahora en serio, creo que envejeces cuando decides apearte de lo que ocurre en el mundo. Y yo no estoy dispuesta a bajarme. Desde 1987, en que me compré un ordenador con el primer premio que gané, hasta el 2015, en que doy conferencias y cursos por Skype, no he dejado de explorar las nuevas tecnologías. Pero, sobre todo, lo más importante de mi dieta es la lectura: soy una devoradora de libros y eso ayuda a estar en forma.

—¿Por qué el síndrome de Asperger? 
—Me interesa todo lo que tiene que ver con nuestro cerebro, con nuestra mente, la cognición y las emociones. En mi casa hay más de 10.000 libros y una parte de ellas son de psiquiatría y psicología. Que se sepa: cuando vuelva a nacer seré neuropsiquiatra. Así que, a menudo, mis novelas giran en torno a problemas psicológicos. Y el síndrome de Asperger, que es una forma leve de autismo, en la que la inteligencia está conservada pero la interacción social resulta difícil, entra en este tipo de temas que me apasionan. Me acabó de motivar el hecho de que cerca de mi hay una persona con este síndrome.
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jueves, marzo 19, 2015

El idioma materno, Fabio Morábito

Sexto Piso, Barcelona, 2014. 184 pp. 16 €

Pedro Pujante

Hay libros que te emocionan. Porque son inteligentes y no apelan de un modo sensiblero a tus emociones más primarias, sino a aquellas que están en conexión con la creatividad, tu forma de ver el mundo, la forma más sutil de la existencia. Este es uno de esos pequeños grandes libros: El idioma materno, de Fabio Morábito (1955); autor que a pesar de haber nacido en Alejandría y ser de ascendencia italiana, vive y escribe en español. Lo cual supone un doble desarraigo: emocional y lingüístico. Este libro habla de eso, y de muchas cosas más. Porque como el propio Morábito reconoce, el escritor se hace escritor gracias a la traición a su lengua materna, al adoptar una que no es la propia; cuando abdica del idioma de sus ancestros para acceder al suyo propio.
En pequeños textos de página y media Morábito nos abre el mundo de sus obsesiones más privadas: literatura, traducción, libros, amigos, vida, idioma, actos cotidianos, infancia, viajes. También hay espacio para breves historias que entroncan con la suya propia.

Ficcionalizar la vida, quizá en eso consiste vivir para el escritor. Todo concentrado, de forma minimalista, con un estilo preciso y sobrio, pero pleno de sensibilidad (ya lo he dicho). Una escritura y un pensamiento afinados, no exentos de ironía. Artículos con los que se lanza a explorar distintas facetas de su vida literaria. Comentarios sobre Kafka, Dostoievski o Vallejo. Apuntes biográficos, sobre el lenguaje, sobre el verdadero valor de la poesía. De esta señala que tal vez su verdadero sentido sea el de acallar las palabras, hacerlas menos estruendosas, más soportables al oído.
Estas reflexiones a media voz, sobre sí mismo y sobre el proceso de escritura, acto que constituye la esencia del genuino escritor, actúan como un testamento en vida, como una metanarración que parece querernos comunicar ese vasto mundo interior que atesora todo gran artista. Y qué duda cabe de que Morábito es uno de los grandes.
La autoconciencia con la que recorre todos los temas, su capacidad de autocrítica y la imponente profundidad de su pensamiento hacen que El idioma materno sea una leve joya para los bibliófilos, para los enamorados de la literatura o de la propia vida.
Lean este libro, escúchenlo con serenidad. Y disfruten.

miércoles, marzo 18, 2015

Sacrificio, Román Piña

Salto de Página, Madrid, 2014. 128 pp. 12,90 €

Miguel Baquero

Un escritor, gurú de la autoayuda, ha desaparecido; todos piensan que ha sido secuestrado, presuntamente por un admirador… Esta es la base de Sacrificio, la última novela del escritor, poeta y editor Román Piña (Palma de Mallorca, 1966), una novela corta pero, sin embargo, intensa en que, al hilo de la desaparición dicha, Piña se adentra en los terrenos de la «componenda» editorial, que es esa hermanastra fea, pero imprescindible, de la «creación» artística.
Porque igual que un cuadro quedará siempre oculto sin un galerista que lo exponga, y un pintor no es nadie sin un marchante que lo negocie, así lo decisorio en las letras es, al fin y al cabo, lo que sigue después que el escritor haya puesto a sus páginas punto y final. Y lo que sigue suele ser un territorio salvaje, una «jungla» —¿por qué no?— a la que ya se asomó Piña en su anterior obra, un ensayo, en colaboración con Miguel Dalmau, muy celebrado y que tenía por título (casi nada): La mala puta. Réquiem por la literatura española.
En Sacrificio, las interioridades que se van descubriendo del escritor desaparecido nos asoman a toda una trama de montajes literarios, trampas en la publicación, corrupción —podría decirse— en las librerías, una ola que se lleva por delante, en primer lugar, a esos editores ingenuos que alguna vez soñaron con atrincherarse en la calidad y que han acabado renunciando definitivamente a su sueño unos —los menos— a cambio de beneficios económicos, y otros —los más— de la mera supervivencia.
Representativo es, en este sentido, que el (exitoso) escritor de autoayuda protagonista de Sacrificio sea un hombre menguado —muy, incluso «demasiado» menguado, y en este exceso entra el humor salvaje y desmandado de Román Piña— cuyos consejos de vivir son tan obvios, tan vacíos, tan simples, en el peor sentido, que constituyen indudablemente un éxito de público. En contraposición a esta figura podría ponerse la de un tal Onsurbe, autor se presume que no demasiado malo pero que, sin embargo, se niega a participar en la exhibición a veces necesariamente impúdica que supone un buen lanzamiento literario. Algo raro ocurre a nuestro alrededor cuando el lector seguramente comprenderá y aplaudirá el exhibicionismo promocional del autor menguado y quedará perplejo ante los remilgos y protestas de dignidad de aquel Onsurbe.
«Ahí tienen al hombrecillo subido a la mesa, con su micrófono inalámbrico como una estrella del rock […] pueden verlo saltando, rodando como una pelota, girando como una peonza, jugando al cricket, buceando, haciendo surf, saltando de un trampolín […] con todo el paquete de efectos para que verlo y adorarlo sea una necesidad. ¿Leerlo? Leerlo no hace ninguna falta.»
Reflexiones, en fin, sobre los productos comerciales y la forma en que nos dirigen hacia ellos, insertas en un texto ágil, preciso, y con el humor bestial característico de Román Piña, que proporciona escenas desagradablemente jocosas. ¿Que cómo puede ser esto? Lean y verán.