lunes, abril 27, 2015

La cólera de Fantomas 1. La guillotina, Olivier Bocquet y Julie Rocheleau

Dibbuks, Madrid, 2015. 64 pp. 16 €

Jaime Valero

Desde su creación en 1911, Fantomas se ha convertido en un personaje icónico que, junto a las 32 novelas que protagonizó —escritas en el plazo de un par de años, con un ritmo de publicación tan demencial como los crímenes que perpetraba el personaje—, ha dado el salto al cine, a la radio, a la televisión y, como en el caso que hoy nos ocupa, al cómic. La cólera de Fantomas se inicia con un prólogo donde el guionista, Olivier Bocquet, se refiere a Fantomas nada menos que como el padre de los superhéroes norteamericanos. ¿De verdad podemos considerarlo el padre de Superman, Batman y demás leyendas del tebeo pijamero? Pues en cierto modo sí, de forma indirecta, a través de los héroes pulp que sirvieron de inspiración a las generaciones posteriores de justicieros enmascarados, como fueron La Sombra y Green Hornet. Posiblemente, de no haber existido Fantomas, la gestación de esos personajes hubiera sido muy distinta.
Pero no es una reflexión sobre la influencia y el legado de Fantomas lo que nos aguarda en este cómic, sino una reinterpretación de sus fechorías basada en el trabajo original de sus creadores, Pierre Souvestre y Marcel Allain. Para ello, Olivier Bocquet y Julie Rocheleau se sirven de algunos de los personajes de la obra original, como el inspector Juve y Lady Betham, la amante de Fantomas, y los combinan con elementos de su propia cosecha para ofrecernos un festival folletinesco cargado de sorpresas, que nos invita a un festín de espeluznantes asesinatos y a un viaje por los bajos fondos del París de principios del siglo XX. La historia arranca a finales de 1895 con un guiño cinematográfico: la presentación del cinematógrafo en la capital francesa, a la que asistió un todavía desconocido Georges Méliès que se asoma fugazmente a estas páginas, para más tarde convertirse en uno de los referentes del 7º arte. Una presentación que termina bañada en sangre y que culmina, años más tarde, con el juicio y el ajusticiamiento de Fantomas. Pero, ojo, esto no es más que el principio, ya que como buen villano, Fantomas vuelve de entre los muertos e inicia una oleada de venganza que se extiende durante los tres álbumes de esta obra.
El tono y el ritmo del guión son dignos de la tradición de los folletines: no hay respiro para el lector, que asiste fascinado a la crueldad de Fantomas y a su camaleónica habilidad para suplantar a todo aquel que le sirva en sus propósitos. Contra él se enfrentan el inspector Juve y el joven periodista Fandor, que tiene sus propias razones para acabar con la amenaza del enmascarado villano. Pero si por algo destaca esta obra es por el espectacular grafismo de Julie Rocheleau, que combina en su paleta la intensidad de los tonos rojos con la gelidez de los verdes y los azules para recrear una atmósfera que le viene como anillo al dedo a las fechorías del protagonista. De igual manera, el diseño de sus personajes, que tiende a la deformación propia de la caricatura, termina de potenciar las sensaciones que asolan al lector durante la lectura, que aúnan magnetismo y desazón.
Gran trabajo el de los dos autores en este arranque de la obra, titulado La guillotina, en el que, eso sí, apenas rozamos la superficie del personaje y de los acontecimientos. Las cartas están sobre la mesa, pero poco más. Aún tenemos que asistir al cénit del enfrentamiento entre Fantomas y sus perseguidores, Juve y Fandor, además de ahondar en la relación del villano con Lady Betham. La intensa escena con la que concluye este álbum nos deja hambrientos de más, así que solo nos queda esperar que Dibbuks nos traiga pronto la segunda entrega de este adictivo folletín en viñetas.

viernes, abril 24, 2015

Pan y cielo, Juan Cobos Wilkins

La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015. 266 pp. 18 €

Salvador Gutiérrez Solís

La editorial La Isla de Siltolá, que en los últimos años ha conseguido contar con su propio espacio en la geografía poética nacional, estrena su colección de narrativa con la nueva novela de Juan Cobos Wilkins, Pan y cielo. Lo que nos empuja a pensar que la editorial va a mantener en prosa el rigor y acierto que le ha caracterizado en su ya amplio y selecto catálogo poético. Cobos Wilkins ha demostrado a lo largo de su ya dilatada trayectoria que se trata de un autor que se adapta perfectamente a los diferentes géneros en los que se adentra, consiguiendo que su personalísima voz permanezca siempre presente, pero desde el dominio de las herramientas e imágenes adecuadas en cada momento. No es, en definitiva, uno de esos narradores que se empeñan en exhibir en cada frase su vertiente poética, lo que propicia una narrativa bella, empalagosa a ratos, pero carente de historia, la mayoría de las ocasiones.
En sus anteriores novelas, Cobos Wilkins se ha detenido en momentos concretos de la historia, la cruenta revolución minera de Riotinto, el denominado ‘año de los tiros’, en El corazón de la tierra, y el terrorífico submundo de las prisiones franquistas en El mar invisible, por ejemplo, y ha sido respetuoso y consecuente con el tono escogido a la hora de abordar las citadas narraciones. En Pan y cielo, sin embargo, a pesar de partir igualmente de un hecho histórico, el autor onubense da libertad a personajes y trama para recrear un universo metafórico, simbólico, plagado de referencias cinematográficas y pictóricas, que funciona como un coro de voces perfectamente ensambladas y afinadas. Situaciones y personajes que se han divertido a sus anchas, de la misma manera que el autor, intuyo, propiciando que la ironía y el sentido del humor se expandan como gas contagioso a lo largo del texto. En este sentido, podemos entender Pan y cielo como una extrañeza en la producción literaria de Cobos Wilkins, o de un nuevo camino iniciado, más contemporáneo en todos sus parámetros. Una obra en la que destacan los diálogos, repletos de inteligencia y naturalidad, y que definen a la perfección a los personajes que por la novela desfilan.
Como indicaba, Pan y cielo parte de un hecho tan cierto como estrambótico: la afiliación de San Antonio Abad, patrón de la localidad onubense de Trigueros, al sindicato UGT, con el objeto de poder celebrar su procesión anual, respetando el mandato gubernativo. Una anécdota que Cobos Wilkins aprovecha para trazar una silueta de aquella España, pero también de la actual, bipolar en muchos de sus aspectos, irreconciliable en cuestiones fundamentales, tendente a la fricción y al desencuentro. Pan y cielo, desde su simbólica coralidad, cabe entenderse como una reflexión sobre la concordia, sobre la necesidad de buscar y encontrar pacíficos puntos intermedios, como único camino para la construcción de una sociedad habitable y cómoda para la mayoría.

miércoles, abril 22, 2015

Los amigos, Kazumi Yumoto

Trad. José Pazó Espinosa. Editorial Nocturna, Madrid, 2015. 210 pp. 14,90 €

Juan Laborda Barceló

Como un juego, propio de los niños que son, se producen entre los protagonistas de esta novela toda una serie de alumbramientos vitales. Tales sucesos están presentados con la suavidad de una hoja dejándose caer, mecida por el viento de los acontecimientos y el calado de una profunda vivencia.
No podemos dejar de calificar la obra como un texto de iniciación, amable y sentida, a las luces y sombras de una vida plena. La historia es tan sencilla como potente. Kiyama, narrador en primera persona, es un chaval despierto que tiene dos buenos amigos en la escuela, Kawabe y Yamashita. Un día cualquiera, este último se ausenta de las clases para acudir al entierro de su abuela. La muerte surge como un iceberg misterioso en sus tiernas existencias. Al contar lo ocurrido, la pandilla se hace consciente de que nunca ha visto un cadáver. Casi como un torrente llegan a la infantil y alocada conclusión de que deben vigilar la casa de un anciano solitario para presenciar el acto ejecutor de la parca. El sentido cinematográfico de unos chicos apostados en el vano de la vivienda, en el límite de la intimidad doméstica, azuzados por la inquietud es tremendamente evocador.
Las visitas a aquel lugar, y el contacto con ese hombre, será el inicio de una catarsis emocional. Poco a poco, irán descubriendo cosas de aquel anciano, elementos oscuros de su pasado y de ellos mismos que no podrán obviar. Cada uno se mostrará como es y desplegará sus anhelos más sentidos en el proceso de conocer otra realidad. El miedo, el deseo y la esperanza se abrirán paso en sus breves días para venir a instalarse definitivamente. A raíz de todo ello, profundizarán en sus inquietudes y experimentarán a través de peleas y desencuentros. Nadie se libra de cicatrices en el alma en su trayectoria y, el modo en el que los protagonistas llegan a ello es una preciosa metáfora de la vida misma.
Hay, además, en este texto sencillo un esmero por el goce de los sentidos, de lo que sensorialmente nos ofrece la vida. Así, la autora se recrea en el nacimiento de los cosmos en un jardín de final incierto, en las moras que son “como gotas de rocío”, en el frescor de una sandía recién abierta o en el aroma invasivo del pescado. Los descubrimientos llegan, por tanto, en todos los ámbitos, de lo sensitivo a lo emocional: “cosas que existen pero están ocultas, como un arcoíris sale al aparecer el agua.”
Los chavales, en su inexperiencia, se creen dioses hacedores de realidades, a veces generosos sin fin, a veces egocéntricos y envidiosos. Jugarán en un camino de aprendizaje, realizando todo un recorrido de crecimiento y ahondando en su humanidad.
La necesidad de huir, el íntimo padecimiento y el deseo de rehacerse, resuenan como un eco entre estas páginas. Los muchachos aún no lo saben, pero cada vida, por muy rica que sea, traza círculos concéntricos en el sentir y la existencia. El punto de partida, la llegada y los hallazgos son hitos forzados de paso. Tan solo, el hecho de afrontarlos de uno u otro modo, es lo que podemos decidir desde nuestra voluntad. La autora demuestra una exquisita sensibilidad al revisar estos momentos sentimentales, tan ciertos como significativos. No conviene que se lo pierdan.

martes, abril 21, 2015

Sobreexposición, Laura Bordonaba Plou

Pregunta Ediciones, Zaragoza, 2014. 154 pp. 12 €

Pedro M. Domene

Mi admirado y buen amigo, Medardo Fraile, que escribió durante más de medio siglo los mejores relatos del siglo XX, afirmaba que “un cuento era lo más fino y personal que pueda hacer un escritor”, y con la perspectiva del tiempo, sopesando calificativos y afirmaciones al respecto, aun debemos añadir que, indudablemente, un buen cuento obliga al lector a meditar con cierta propensión a la delicadeza porque, el escritor, muestra el mundo como si mirásemos a través de una vidriera policromada y multicolor e, incluso, toca nuestro corazón, y avanza por la difícil senda de la metafísica; es así como el autor nos brinda su verdad, aunque para ello deba mentir todo lo posible como verdaderamente ocurre también en el amor; y, además, técnicamente hablando, siempre y cuando el relato sea excepcionalmente bueno, provocará una explosión.
Los cuentos, sin duda, son la quintaesencia estremecida, épico-lírica, de un trozo de mundo y la visión particular que sobre él tiene el narrador. Constelan ese intramundo, y en sus certezas o inexactitudes llevan implícita la manera peculiar de enjuiciar la sociedad. Ignoro si Laura Bordonaba Plou (Zaragoza, 1976) ha configurado, con estos dieciocho relatos que componen Sobreexposición (2014), su manera peculiar de, precisamente, sobreexponerse en gran medida al mundo, pero sí aseguro que lo ha conseguido de una manera digna e inteligente, diversificando su mirada en una serie de cuadros biográficos que nos resultan tan cercanos que, a medida que pasamos las páginas, hieren nuestra sensibilidad. Sobresalen en estos cuentos las agudas dotes de observación de la narradora, su preocupación por la sobriedad y la objetividad porque, pese a ciertos toques en sus historias, nunca cae en el sentimentalismo o la cursilería; léase cuando escribe sobre el dolor o la pérdida que provoca esa ausencia, “Viviendo con Mr. Tomura”, “Travis”, “Dammuso di Mare”, serían ejemplos válidos; otras veces sus relatos son predominantemente líricos, “Sinfonía de las ruinas”, que narra sucesos o experiencias externas, evoca ambientes e introduce al lector para hacerlo receptivo a ese estricto valor sentimental de cuanto narra; un procedimiento paralelo a la lírica, y en esta ocasión cobran especial relevancia las imágenes.
La extensión que componen los cuentos de Sobreexposición varía en cuanto a sus características, y algunos advertimos propenden a convertirse casi en una novela corta, “La ley de Bode”, “Pabellón 103” o “La luz de Marvin”, que, de alguna manera, concentran un suceso principal que desencadena el resto de la acción, con muy pocos protagonistas y, en ocasiones, el acontecimiento central del cuento, la narradora enferma de alzheimer y Tristán en el primero; el psiquiátra y cuatro enfermos, en el segundo; y finalmente, los gemelos Marvin y Albert; la acción, en este tipo de cuentos, es lo más importante y podría transcurrir en otras circunstancias, con otros personajes y se desarrolla, además, como una lógica concatenación de los episodios narrados; el destino de sus protagonistas depende un tanto del azar; Laura Bordobana narra estas historias desde una distancia, esa medida justa que le permite una objetivación tanto cronológica como retrospectiva.
Ausencia y presencia, recuerdo y olvido, el dolor, en definitiva provocado por esa ausencia, caracterizan a estos cuentos de firmes contrastes que aisladamente se concatenan para mostrarnos ese proceso psicológico interno de la mayoría de sus personajes por breve que sea su implicación, y que como lectores nos llegan por ese proceso externo solo perceptible por los sentidos, y al final los cuentos de la joven Laura Bordonaba Plou ofrecen tantas posibilidades a nuestra imaginación como a esa capacidad asociativa que pretende su autora. Esta es una buena ocasión para degustar y, por qué no, para descubrir una buena colección de cuentos, y una narradora que nos deparará futuras sorpresas.

lunes, abril 20, 2015

Márgen de maniobra, César Strawberry

Uno Editorial, Albacete, 2015. 112 pp. 19 € (con disco)

Jaime Valero

Los amantes de la música más ácida e irreverente conocerán a César Strawberry por su militancia en la banda Def Con Dos, que lleva más de dos décadas propagando sus atentados sonoros desde escenarios y estudios de grabación. En paralelo a su actividad musical, César Strawberry también ha desarrollado una trayectoria literaria compuesta, hasta la fecha, por tres novelas y una antología de relatos. La novela que hoy nos ocupa, Margen de maniobra, es la más reciente de su producción y ve la luz al tiempo que el nuevo disco de la banda, titulado Dos tenores. El singular sentido del humor de las letras de Def Con Dos, así como su vitriólica visión del mundo contemporáneo, encuentran su reflejo en las páginas de esta novela, que combina costumbrismo canallesco con fantasía hilarante para contarnos una historia que, en esencia, trata de dar respuesta a las incógnitas que se plantean unos personajes al borde de la llamada crisis de los cuarenta, que van desde el omnipresente «¿qué estoy haciendo con mi vida?” hasta el no menos inquietante “¿qué quiero hacer con ella a partir de ahora?».
Los protagonistas en cuestión son tres amigos de la infancia que se reúnen, después de mucho tiempo sin verse, para acudir al entierro de otro compañero suyo de correrías juveniles. El primero de ellos es Fede, profesor de pintura en una academia y dibujante de cómics en sus ratos libres, que lleva tiempo dándole vueltas a una novela gráfica sobre zombis. Un cómic cuya trama va desarrollando mentalmente a lo largo del libro, en paralelo a los acontecimientos del mundo real. En segundo lugar está Ramón, deslenguado y echado p'alante, que convence a los demás para pegarse una buena juerga en memoria de su amigo desaparecido. Y por último está Guille, el sempiterno mod que se mantiene fiel a los códigos estéticos dictados en los tiempos de los Beatles y los Jam, y que acabó ganándose la vida como diseñador gráfico y publicista. Los tres juntos, tras salir del tanatorio, se embarcan en una excursión lisérgica por las entrañas de un Madrid muy distinto al que recordaban de sus años mozos.
Con una prosa sencilla y directa, cargada de un humor descarado que en ocasiones roza el cinismo, César Strawberry narra con desparpajo las extravagantes situaciones en la que se van metiendo los personajes, mientras Fede desarrolla en su mente una disparatada trama repleta de zombis, militares nostálgicos del régimen y abejas africanas portadoras del virus que convierte a los ciudadanos de a pie en bestias descerebradas hambrientas de carne humana. Lo que podría quedar en simple gamberrada literaria, alcanza cierta profundidad al abordar las inquietudes vitales de estos personajes a los que el paso del tiempo ha obligado a abrazar la madurez, pero que en el fondo se sienten tan perdidos como en la adolescencia. Nos ofrece también una reivindicación del individuo frente al borreguismo al que tiende la masa, un alegato en favor de aquellos que luchan por ser diferentes y no dejarse aplastar por la apisonadora del sistema, que arrolla al individuo a golpe de hipoteca, chalé en la sierra y tarjetazos de crédito en los grandes almacenes. Humor, ingenio, mala leche y un puntito de ternura conforman los principales ingredientes de esta novela, sin demasiadas pretensiones, pero con una formidable honestidad. Lástima que la falta de una corrección más detenida provoque la intromisión de numerosas erratas a lo largo de la obra, que deslucen bastante el resultado final.

viernes, abril 17, 2015

Blitz, David Trueba

Anagrama, Barcelona, 2015. 166 pp. 16,90 €

Salvador Gutiérrez Solís

A veces, basta con un chispazo, un fogonazo o un relámpago, de apenas un segundo, para que nuestra vida cambie. Ese segundo puede tener la forma de una decisión repentina, de una mirada o de un mensaje de texto en un teléfono móvil, tal y como le sucede al protagonista de Blitz. Resumamos: Beto recibe en su móvil un mensaje por equivocación, gracias al cual descubre el fin de su relación. El suceso se produce durante la estancia de Berto en Munich, finalista en un concurso internacional de paisajismo urbano. Desolado por el acontecimiento, el joven arquitecto decide ampliar su estancia en la capital alemana unos días más de los previstos inicialmente. En esta tesitura, tiene la oportunidad de escuchar la reflexión de un anciano paisajista japonés acerca de la relatividad del tiempo aplicada a nuestra vida y, sobre todo, conoce y comienza una relación con una mujer madura que le dobla, prácticamente, la edad.
En esta ocasión creo que es necesario relatar el argumento de la novela, en donde encontramos los conceptos esenciales que aborda David Trueba en la narración: el azar, la distancia, la soledad, el tránsito hacia eso que conocemos como edad adulta, el amor, el viaje, el tiempo, la deslocalización y la confusión. Y crisis, porque en Blitz hay mucha crisis, la social que padecemos todos, y la personal, que afecta a Beto, casi repentinamente.
David Trueba regresa a la novela tras varios años de ausencia con un título, Blitz, que a pesar de su extensión, incluso se podría entender como una novela breve, crece y permanece en el interior del lector una vez concluida su lectura. Blitz es como uno de esos pequeños bocados, de un sabor intenso, que sigue intacto en nuestro paladar horas después de haberlo consumido. Y lo es gracias a los temas que aborda Trueba, y que fácilmente nos pellizcan la piel, nos rozan, o se convierten en un espejo en el que nos vemos reflejados. Porque una de las grandes cualidades de David Trueba como narrador, en ésta y otras novelas, es esa cercanía, esa empatía, que logra con el lector. Bastan unos pocos renglones para que reconozcamos en su protagonistas, Beto en esta ocasión, a un conocido, a un familiar, y hasta puede que a un amigo. O a nosotros mismos.
David Trueba esparce a lo largo de la narración ese humor tan peculiar, que a ratos puede parecer chistoso, incluso, pero que no dejan de ser las muletillas que insuflan humanidad a sus personajes, y que nos evocan a la cotidianidad de vidas como las nuestras. Un humor que no se contradice con el espíritu reivindicativo de la novela, donde esta época de desigualdades latentes y lacerantes, la precariedad laboral y la mengua de oportunidades, especialmente para los más jóvenes, se ponen de manifiesto a lo largo de la narración. Brillante por momentos, siempre amable, cariñosa, me atrevería a calificarla, envuelta en esa narrativa tan característica que parece contar con su propio ritmo y sonoridad, en Blitz están todos esos elementos que han convertido a David Trueba en uno de los nombres fundamentales de la narrativa española actual.